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10 julio 2009

Ángeles de blanco...

Desde tiempos inmemoriales, en nuestras pinturas, en nuestras mentes, en nuestros sueños, los ángeles han ido, e irán así, de blanco. De un blanco inmaculado, brillante, luminoso…

Y son buenos, siempre son buenos. Son la imagen de la bondad, el amor, el cariño….

En este mes de Junio he descubierto que los ángeles habitan, además de en el cielo, en los hospitales….

A menudo los hospitales nos repelen…. Nos repele su olor, lo que simbolizan, nos repele andar por sus pasillos, porque eso significa que tenemos a alguien querido allí dentro, y eso no es una buena noticia…

Pero si pruebas a detenerte un instante, a superar ese olor, ese momento de “querer salir cuanto antes”, los verás…

Ellos van de blanco, pero no llevan alas, al menos esas no las verás…

Ellos se dedican a cosas mucho más mundanas que los que pintaba Murillo…

Ellos son pacientes, amables, cariñosos, en una palabra, buenas personas…

Si se te acaba el suero, si se te llena la sonda, si hay que sacar sangre, si hay que dar unos minutitos de conversación, si hay no más que decir un “¡¡Que bien te veo hoy!!”, ahí estará uno de tus ángeles.

Si precisas de ayuda para caminar unos metros hasta tu baño, si necesitas que alguien te sonría, que te abrace, que te de una caricia cuando lo ves todo negro, que alguien te un poco de optimismo a tu estancia, demasiado larga, en una cama de hospital… Allí estará tu ángel.

El ángel estudió en su día. Eligió un camino complicado, vocacional. No se puede ser ángel sin vocación. Y como un abogado, un arquitecto, un ingeniero, se preparó. Pero para ser ángel no solo vale un libro, unos apuntes, unas clases. Para ser ángel necesitas que los demás vean tus alas aunque no las tengas, y eso no lo consigue cualquier mortal.

Hoy me gustaría ponerle nombre a algunos ángeles: Rafa, Lola, María, Patricia, María Luisa, etc… Y me gustaría situarlos en el mapa terrenal… En Castilleja, en el Hospital Nisa, en la planta tercera (aunque están por todas las plantas). Pero yo conocí a los de la planta tercera.

Gracias, Ángeles, gracias. Detrás de un frío botón naranja, en una pared de la 324, rebosa la humanidad, la amabilidad, la vocación, la simpatía, el saber hacer, la templanza, la comprensión, y como dice mi admirado Soto, en esa canción que tanto nos gusta, mi Cris, “todo lo que no se puede decir con palabras…”.

Sé que esto no es nada, sólo son palabras. Sé que lo vuestro es puro corazón. Pero solo quería que quedara constancia. Sólo quería un humilde homenaje. Solo quería dejar constancia que hoy se que los ángeles están en la tierra. Y van de blanco, con una bata blanca…

Dani


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